Sobre mí

Toma 1

Mira, los asesores inquietos somos un equipo, pero como el que escribe soy yo, que dirijo el cotarro,

pues te hablo de mí.

¿A qué me dedico?

Desatasco empresas. Además de esa noble tarea escribo un email al día, sí, todos los días, contando historias relacionadas con la empresa.

Cada día.

Si te gustan y te aportan algo, pues genial.

Si no, pues también.

Leerlas es gratis.

Dejar de leerlas, también.

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Si aún no lo tienes claro mientras te decides puedes leer algunas de mis historias en el blog.

Toma 2

3 hijas. 1 mujer. 0 infartos. 2 carreras. 4 masters. Abogado y economista. 16 años trabajando para tener una buena asesoría. Que no te impresione. Hace unos años la vida me podía. Pesaba 10 kg de más. No dormía. Trabajaba unas trece horas diarias. No me quejaba. Ganaba para mantener a mi familia, no tenía deudas más allá de la hipoteca de mi casa y el préstamo de mi despacho. Eso lo tengo que dejar claro. Jamás he tenido problemas de dinero. Después de 5 años como autónomo pedí matrimonio a mi mujer cuando vi que podía mantener el alquiler del piso y llenar la nevera aunque ella no se sacase la oposición. Si un día tocaba pan, pan, si había para queso, pues pan con queso.

Pero la vida no era cómo tenía que ser. Algo no estaba haciendo bien. Me sacrificaba muchísimo. Veía a gente con mucha menos implicación en su trabajo que yo que, sin embargo, vivía mucho mejor.

Y a mí se me escapaba la vida.

Había leído libros, había ido a charlas, algo fallaba y yo solo no sabía salir de allí. No podía esforzarme más y no conseguía el resultado. ¿Iba a ser así el resto de mi vida?

¿Qué hice?

Lo más inteligente que he hecho en mi vida. Pedir ayuda. Contraté a un profesional para que me hiciese ver en qué estaba fallando y que yo no detectaba.

Y joder que si me lo hizo ver.  Estoy seguro que debe haber tenido clientes peores. Pero pocos.

¿Lo bueno? Pues mira ya no sufro tanto. Ni mi equipo tampoco.

Desde entonces decidí que no solo era el momento de huir de la prisión. También había que matar al carcelero, liberar a los compañeros y reducir la cárcel a cenizas. ¿Como? Incorporando a los servicios del despacho un programa de acompañamiento al empresario.

Te resumo mi trabajo. Desatasco empresas. Y lo que hago es facilitar al empresario un ángulo distinto para dirigir el negocio ayudándole a tomar decisiones que aumentan el beneficio de la empresa y mejoran la calidad de vida de los que dependen de ella.

Algunas empresas se atascan y se conforman con tener “lo que hay”.

Otras se hacen acompañar por profesionales que les ayudan a avanzar. Hacer crecer las empresas de manera sostenible. A eso nos dedicamos.

Porque lo de ser responsable y profesional no tiene que ir reñido con tener una vida. Y la empresa la has de controlar tú. No ella a ti.

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Toma 3

Más sobre mí: 

  • Nado con mis amigos un par de días entre semana en el mar durante todo el año. Normalmente sobre las 7 de la mañana. Desayunamos mirando al Mediterráneo y luego a seguir el día. Es nuestra manera de romper la semana.
  •  

  • Una semana o dos  al año conseguimos dejar a las niñas con sus abuelos y nos vamos de viaje o disfrutamos de estar en casa tranquilos. Es como tener superpoderes. Se escucha una cosa llamada silencio. Mola. Pero a la semana ya se les va echando de menos. Menos mal que vuelven.
  •  

  • Mucho más de vivir experiencias que de tener cosas. Me gusta escuchar más que hablar.
  •  

  • He visto a demasiada buena gente que por descuidar a sus hijos luego les han amargado la vejez. Estoy trabajando para que no me la amarguen mucho. Ya no tengo claro si es altruismo o visión egoísta de futuro. O ambas.
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  • Cada vez distingo a los gilipollas más de lejos (pero aún creo que la inmensa mayoría es buena y tiene algo que aportar). A veces el gilipollas soy yo. Pero procuro verme venir.
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  • Mi negocio es lo que soñaba de pequeño. Colaborar con buena gente a la que apoyo y ayudo para que hagan mejor su trabajo y ellos a su vez ayudan a clientes para que también les vaya de cine. Suena cursi pero no encuentro una manera mejor de decirlo.
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  • Tengo claro que vender es entender al otro más que hablar de uno mismo, así que paro aquí.

 

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