Llegar más ajustado que los pantalones de un ciclista

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A mi amigo Guillem no podemos pedirle que traiga la bebida a la barbacoa.

Ni la bebida ni el carbón.

Ni nos atrevemos con la carne.

Mucho menos los hielos.

Puede traer el postre.

¿Por qué?

Porque vive con el síndrome del sombrero de Indiana Jones.

Ese momento en que está a punto de cerrarse la gruta y extiende el brazo para recoger el sombrero, aunque se ampute un miembro por el camino.

Le mola esa sensación.

Hay mucha gente así en el mundo.

Y sigue girando.

En diez guarderías de Haifa (Israel) se les empezaron a hinchar los bemoles porque algunos padres habían adquirido el síndrome del sombrero de Indiana Jones.

Recogían a sus hijos cuando el bedel estaba marcando el número del asistente social.

Los niños desesperados, los cuidadores no veas.

¿Solución?

Vamos a multar con tres dólares a los padres cada vez que un padre que lleguen diez minutos tarde.

¿Resultado?

Por 60 dólares extra al mes los padres tenían pagada la guardería y se quitaban de encima la culpabilidad de no ser buenos padres.

Les habían concedido patente de corso para llegar tarde.

Cómo ya lo pago, no me puedes decir nada.

En diez semanas el doble de padres adquirió el síndrome del sombrero de Indiana Jones.

Quitaron la sanción pero el mal ya estaba hecho.

El tiro por la culata.

Hay incentivos mucho más poderosos que el dinero.

Si quieres conocerlos en profundidad y aplicarlos con conocimiento en tu negocio

PROGRAMA DE DESARROLLO EMPRESARIAL

PD: Sirven tanto para mejorar ventas como para dirigir equipos.

PPD: Guillem ha llegado a traer el postre tarde a una barbacoa. 

PPPD: Cuenta la leyenda que su mujer le estuvo esperando en el altar.

PPPPD: Le han visto lanzar a sus hijas por encima de la valla del colegio porque le habían cerrado ya la puerta de entrada. PPPPPD: No creo que haya llegado tarde a ningún partido de rugby.